En 1994, el periodista Luis María Ansón publicó una biografía «autorizada» de Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XII y padre de Juan Carlos I. El libro, publicado un año después de la muerte del personaje, ofrecía un relato de primera mano, gracias a la posición de Ansón como miembro del Consejo Privado de Don Juan, de su Secretariado Político y de su Gabinete de Información. Fue pues testigo directo de mucho de lo que cuenta, y confidente de Don Juan y de sus principales asesores, entre los que destacaba el oscuro Pedro Sainz Rodríguez.
Como es sabido, Don Juan de Borbón vivió en el exilio desde la proclamación de la República, en 1931. Completó su formación profesional como marino de guerra en la Navy británica, y después se dedicó básicamente a reivindicar ante las cancillerías de Europa y América sus derechos como heredero a la Corona de España. Para Ansón, la biografía de Don Juan tiene dos momentos clave: el primero, en 1945, cuando toca con los dedos la reinstauración de la monarquía tras la derrota de Alemania e Italia en la Segunda Guerra Mundial; el segundo cuando, maniobrando a sus espaldas, Franco designa como su sucesor y cabeza de la monarquía del Movimiento al hijo de Don Juan, saltándose el orden dinástico. En ambos casos, Sainz Rodríguez fue la cabeza pensante que, según Ansón, fracasó en derribar a Franco, pero triunfó finalmente al conseguir engañarle.
Ansón, un hombre de mentalidad conservadora, se esfuerza por justificar el golpe de Estado del 18 de julio como una reacción lógica de los militares, la alta burguesía y la exigua clase media de los años treinta ante la amenaza cierta de la implantación en España de una dictadura del proletariado por los partidos del Frente Popular, que habían ganado con holgura las elecciones de febrero de 1936 tras los casos de corrupción que afectaron a los partidos de derecha. Sin duda olvida que muy pocos en la izquierda, aunque afectados sin duda por la atmósfera radical de la década, querían dicha dictadura. No desde luego el grueso del Partido Socialista, dominado por el moderado Indalecio Prieto, y a pesar de la retórica revolucionaria de Francisco Largo Caballero; Tampoco la querían los republicanos, ni los anarco-sindicalistas. El Partido Comunista de antes de la guerra era minoritario y poco influyente; y para Stalin España era un territorio lejano y escasamente estratégico, más allá de servir de escenario secundario a su sordo enfrentamiento con la Alemania de Hitler.
El caso es que, sin la sublevación militar y la desastrosa guerra que originó, España hubiera probablemente seguido el camino de otros países comparables, en los que las tensiones sociales, e incluso el ambiente de guerra civil, eran similares: Francia, Italia, Bélgica, Grecia, Holanda, etcétera. Nuestros padres y abuelos hubieran sufrido la agresión nazi y el paso de la guerra por este territorio, y al finalizar la contienda nos hubiéramos enganchado al carro europeo y evitado tres o cuatro décadas de miseria y represión.
La realidad es que, en la primavera de 1945, España estaba gobernada por un dictador que se había mostrado servil hasta la extenuación ante Hitler y Mussolini, en cuya victoria creyó hasta los momentos finales de la contienda. Sainz Rodriguez, según Ansón, convence a Don Juan para que se alinee sin fisuras con los aliados. En la Conferencia de Yalta (febrero 1945), Roosevelt, Stalin y Churchill acuerdan el final de Franco y su sustitución por una monarquía constitucional encarnada por Don Juan. La excusa sería una incursión de guerrilleros maquis desde Francia, para cuyo control se produciría una intervención aliada que provocaría el cambio de régimen. En el entorno de Don Juan ya se descorchaba el champán.
Pero el 12 de abril, inesperadamente, fallece el presidente norteamericano Franklin Roosevelt. Su sustituto, Truman, consciente del nuevo clima de guerra fría con la URSS de Stalin, y con el apoyo de Churchill y de su sustituto Clement Atlee, decide enfriar el asunto de Franco para evitar desestabilizar el Sur de Europa. Según Ansón, el cambio de posición de Truman fue providencial, porque la monarquía en 1946 hubiera sido débil, y unas elecciones ganadas por la izquierda (liderada por Indalecio Prieto) podrían haber acabado con el nuevo régimen. De nuevo, la obsesión ansoniana con los supuestos planes secretos de Stalin para España, cuando el líder soviético en realidad estaba centrado en construir su telón de acero en el Este de Europa.
A partir de ahí, y con algunos años de dudas por parte de Don Juan, Sainz Rodriguez traza su nuevo plan: engañar a Franco utilizando como peón a Don Juan Carlos. Enviar al príncipe a estudiar a España, y hacer creer al Caudillo su plena alineación con los principios del Movimiento. Y cuando en 1968 Franco designa a Juan Carlos como sucesor, Don Juan monta en cólera, pero acaba aceptando el doble juego. Y Juan Carlos I acabaría pilotando la transición hacia un régimen a imagen y semejanza del defendido por su padre durante cuatro décadas.
Jaime Velasco
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